Dos garrafones pueden ayudar a una familia a cocinar, lavarse las manos y cepillarse los dientes. Pueden resolver la urgencia de unas horas. No solucionan una crisis que lleva meses saliendo por las llaves.
El Gobierno de Jalisco anunció un fondo emergente cercano a 100 millones de pesos para instalar módulos potabilizadores, distribuir agua mediante pipas y entregar vales para llenar garrafones gratuitamente en las colonias afectadas. La medida es necesaria, pero sigue siendo un paliativo.
La magnitud del problema rebasa cualquier reparto. El SIAPA reconoce que recibe reportes sobre la calidad del agua en casi 600 colonias, aunque señala que las quejas son constantes en poco más de 200.
Aun suponiendo que cada familia recibiera dos garrafones de 20 litros, una casa con cuatro integrantes dispondría de apenas diez litros por persona.
La Organización Mundial de la Salud considera que, incluso en una emergencia, se requieren al menos 20 litros diarios de agua segura por persona para cubrir necesidades esenciales de salud e higiene. Dos garrafones no alcanzarían para una familia completa.
Los módulos potabilizadores tampoco pueden sustituir indefinidamente el servicio domiciliario. Para que funcionen necesitan ubicación adecuada, mantenimiento permanente, vigilancia sanitaria, suministro continuo y capacidad suficiente para evitar filas interminables.
Además, trasladar, cargar y almacenar agua representa un costo adicional para las familias. El problema golpea con mayor fuerza a personas adultas mayores, habitantes con discapacidad y hogares donde no hay automóvil.
El verdadero reto no está en llenar garrafones. Está en conseguir que el agua que llega por la tubería sea limpia, segura y constante.
El Plan Estratégico de Gestión Integral del Agua entregado al Congreso de Jalisco contiene 32 proyectos relacionados con abastecimiento, potabilización, conducción, distribución, saneamiento, infraestructura pluvial y eficiencia operativa. Es una ruta amplia y necesaria.
Ahí aparecen proyectos indispensables: modernizar plantas potabilizadoras, rehabilitar tanques y redes, fortalecer el saneamiento y avanzar en un acueducto sustituto entre Chapala y Guadalajara.
Pero una lista de proyectos no repara una tubería.
Para que ese documento se convierta en una verdadera solución necesita prioridades, presupuesto asegurado, fechas de inicio y terminación, metas verificables y responsables claramente identificados.
El Gobierno entregó el plan técnico al Congreso, pero la propuesta financiera, incluida la posible contratación de deuda o alguna asociación público-privada, quedó pendiente y deberá presentarse por separado.
En ese punto comienza el estira y afloja político.
El partido gobernante querrá presentar cualquier avance como un logro propio. La oposición buscará cargarle cada retraso y cada fracaso. Con las elecciones de 2027 en el horizonte, el agua corre el riesgo de convertirse en propaganda.
Los ciudadanos no necesitamos que alguien se adjudique la victoria. Tampoco que otros apuesten al fracaso para cobrarlo en las urnas.
El Congreso debe revisar cada peso, exigir transparencia y evitar que las obras se conviertan en un cheque en blanco. Pero tampoco puede utilizar la crisis para negociar beneficios políticos o presupuestos ajenos al problema.
El Gobierno estatal, por su parte, debe publicar los análisis completos del agua, identificar las colonias afectadas, informar semanalmente los avances y explicar cómo serán contratadas y supervisadas las obras.
Ningún orden de gobierno puede lavarse las manos. La Ley General de Aguas establece que Federación, estados y municipios deben coordinarse para garantizar agua suficiente, salubre, aceptable y asequible.
Mientras la red no pueda garantizar esas condiciones, los garrafones, las pipas y los módulos deberán mantenerse. Retirarlos antes sería irresponsable. Presentarlos como la solución definitiva también.
La crisis no terminará cuando un funcionario inaugure una potabilizadora o cuando los diputados aprueben un esquema financiero.
Terminará cuando las familias puedan abrir la llave sin miedo, llenar un vaso y beber el agua con confianza. Ese será el único logro que realmente importa.


