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Informar, no presumir

Informar, no presumir

Llegó septiembre y con él los informes de gobierno municipales.

Y cada año vuelvo a preguntarme lo mismo: ¿a quién se supone que le están informando?

Considero que debemos cambiar por completo la forma en que entendemos estos ejercicios, principalmente en los municipios.

Un informe debe servir para informar, no para presumir.

Debe decirnos qué se hizo, qué dejó de hacerse, qué mejoró, qué continúa exactamente igual y, sobre todo, qué problemas siguen pendientes y cómo piensa resolverlos la autoridad.

Eso sería rendición de cuentas.

Lo demás corre el riesgo de convertirse en una ceremonia para alimentar el ego del gobernante en turno.

Y hay algo interesante: la ley ni siquiera obliga a organizar ese espectáculo.

En Jalisco, la obligación de los presidentes municipales consiste en rendir por escrito al Ayuntamiento el informe de la administración durante los primeros quince días de septiembre. La realización de un acto protocolario es opcional.

Entonces la pregunta es inevitable:

si vamos a organizar un acto público, ¿por qué no aprovecharlo para escuchar también a quienes reciben todos los días los servicios del Ayuntamiento?

Me gustaría ver un informe distinto.

No un escenario ocupado por invitados de honor, funcionarios, políticos y personajes especiales mientras la ciudadanía observa desde lejos.

Quiero un espacio donde estén los vecinos.

Los representantes de colonias.

Las mujeres y hombres que todos los días recorren las calles.

Los comerciantes.

Los jóvenes.

Los adultos mayores.

Quienes toman el transporte, padecen una calle destruida, esperan una patrulla, necesitan una luminaria, sufren una inundación o hacen durante meses un trámite municipal.

Ellos conocen otra parte del informe.

Por eso mi propuesta no consiste en eliminar la obligación legal ni sustituir el documento que debe entregarse al Ayuntamiento.

Propongo transformar el acto público que lo acompaña.

Que tenga cuatro preguntas muy sencillas:

¿Qué hicimos?

¿Qué no hicimos?

¿Qué mejoró?

¿Qué sigue mal?

Y después, abrir el micrófono.

Que los ciudadanos puedan preguntar, señalar, criticar y también reconocer aquello que funciona.

No sería ninguna aberración jurídica. Tlaquepaque ya cuenta con mecanismos de participación que permiten a sus habitantes dialogar con las autoridades, solicitar rendición de cuentas, analizar políticas públicas y evaluar el desempeño gubernamental.

Entonces utilicémoslos.

Incluso podríamos construir una evaluación ciudadana anual por colonia y servicio público.

Seguridad.

Alumbrado.

Calles.

Recolección de basura.

Agua.

Parques.

Trámites.

Atención ciudadana.

Que cada gobierno llegue al siguiente septiembre sabiendo que no solamente deberá presentar sus propias cifras, sino enfrentarlas con la experiencia cotidiana de quienes viven en el municipio.

Porque gobernar también significa aceptar la crítica.

Y rendir cuentas significa explicar tanto los éxitos como los pendientes.

No queremos informes diseñados para producir aplausos.

Queremos información para evaluar.

No queremos decidir quién se sienta en primera fila.

Queremos saber si el gobierno cumplió.

Y al final, que sean los ciudadanos quienes coloquen la estrellita cuando las cosas se hicieron bien o una enorme X cuando el gobierno no cumplió con la tarea para la cual fue elegido.

Porque el informe pertenece al ciudadano.

No al gobernante.

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Opiniones a título personal. Este contenido no constituye comunicación oficial de partido político ni de institución pública.